
Luego de una larga historia de desilusiones y sinsabores en el máximo escenario mundial, la selección española ha alcanzado la gloria. Cuando Iker Casillas levantó al cielo estrellado de Johannesburgo el dorado trofeo de la Copa Mundial de la FIFA el 11 de julio, la Roja escribió la página más hermosa de su historia futbolística.
El triunfo en la final de Sudáfrica 2010 fue un premio al fútbol de toque y combinación, al talento y la técnica, al trabajo y el sacrificio, y sobre todo, al espíritu de equipo. “Estamos orgullosos de todos los jugadores, de los que han estado en el césped y de los que han estado en el banquillo. Hemos trabajado durante 50 días sin ningún problema. Este grupo no solo ha pensado en ganar, sino también en otros valores", decía emocionado el seleccionador Vicente del Bosque.
Valores como la fidelidad de un estilo de juego con vocación ofensiva pero basado en la fortaleza y calidad de un centro del campo de ensueño. "Este título tomó impulso en junio de 2008 con la conquista de la Eurocopa. El Mundial ha sido la continuación del trabajo que hizo aquella gente. En la selección hemos intentado conservar la herencia buena que recibimos sin borrar el pasado y siguiendo la línea marcada, independientemente de introducir gente nueva en el equipo, lo que, por otra parte, es inevitable", añadía el técnico en claro homenaje a quienes dos años antes trabajaron duro para levantar el título europeo. Pero él también tiene un porcentaje muy elevado de “culpa” en este logro histórico. No sólo por su capacidad táctica y sus conocimientos de fútbol, sino por su personalidad discreta, trabajadora y cercana, que ha sabido ganarse la lealtad y devoción de sus jugadores.
El triunfo en la final de Sudáfrica 2010 fue un premio al fútbol de toque y combinación, al talento y la técnica, al trabajo y el sacrificio, y sobre todo, al espíritu de equipo. “Estamos orgullosos de todos los jugadores, de los que han estado en el césped y de los que han estado en el banquillo. Hemos trabajado durante 50 días sin ningún problema. Este grupo no solo ha pensado en ganar, sino también en otros valores", decía emocionado el seleccionador Vicente del Bosque.
Valores como la fidelidad de un estilo de juego con vocación ofensiva pero basado en la fortaleza y calidad de un centro del campo de ensueño. "Este título tomó impulso en junio de 2008 con la conquista de la Eurocopa. El Mundial ha sido la continuación del trabajo que hizo aquella gente. En la selección hemos intentado conservar la herencia buena que recibimos sin borrar el pasado y siguiendo la línea marcada, independientemente de introducir gente nueva en el equipo, lo que, por otra parte, es inevitable", añadía el técnico en claro homenaje a quienes dos años antes trabajaron duro para levantar el título europeo. Pero él también tiene un porcentaje muy elevado de “culpa” en este logro histórico. No sólo por su capacidad táctica y sus conocimientos de fútbol, sino por su personalidad discreta, trabajadora y cercana, que ha sabido ganarse la lealtad y devoción de sus jugadores.